Factores determinantes en el modelo industrial socialista. Parte I

FACTORES DETERMINANTES EN EL MODELO INDUSTRIAL SOCIALISTA. PARTE I

Por: Adriana B. Soler R. (UBV) y Carlos E. Castillo P. (UNEARTE)

Desde que la Revolución Bolivariana asumió las riendas del Estado en 1999, se han ensayado diversas modalidades de ‘organización’, casi todas impulsadas y regidas desde el Gobierno y sus instituciones, para coadyuvar al cambio del modelo productivo nacional, reconociendo de entrada que estamos en una etapa de transición hacia el socialismo que invita a ese cambio necesario. Más que al cambio, digamos que a la construcción de un modelo nuevo.

Desde las EPS bastante bien descritas en las Leyes del Poder Popular hasta las iniciativas de nacionalización, recuperación o creación de empresas y corporaciones estatales; son muchas y variadas en estructura, naturaleza y magnitud las ‘empresas’ que han visto la luz durante los últimos cinco lustros. Lo anterior se relaciona con dos afirmaciones fundamentales: i) el socialismo sólo será viable en función de su capacidad productiva (sin mencionar acá eficiencia política o arraigo popular, cuyas connotaciones no serán discutidas en esta ocasión); ii) el modelo petrolero instaurado en el país a partir de los años 20 del siglo pasado, generó una estructura económica que obviamente obstaculiza el desarrollo nacional real.

Durante estos años, si bien no existen datos comparativos especialmente precisos asociados al sector público o de iniciativa privada tutelada por el Estado, podría afirmarse que las empresas con fines sociales o de índole comunitario han venido creándose a un ritmo mayor que el de nacimiento de empresas de tenor capitalista clásico. Lo anterior parece una tendencia obvia en un modelo político y social de transición hacia el socialismo, que reconoce la existencia y necesidad de un sector privado que tienda a diferenciarse del actual en sus formas y sus fondos económicos y políticos, pero privado al fin.

En consecuencia, estas nuevas empresas, supondríamos que adaptadas a los tiempos que corren y a los que han de venir, han tenido que asumir desde su nacimiento la condición de socialistas (por lo menos a título declarativo) con connotaciones obvias en su estructura y funcionamiento. Al parecer, la transición al socialismo en la búsqueda del desarrollo de las fuerzas productivas y de la apropiación social de los medios de producción para el beneficio colectivo, sigue requiriendo del formato empresa. Nuevas formas de organización para la producción estarían por conocerse, por lo menos en estas tierras.

En un tránsito como el mencionado, parece común asumir que la empresa socialista, al estar inserta en un tiempo histórico específico con relaciones predominantes de producción y distribución abiertamente capitalistas, tiene que negociar parte de su sino social con sus contrapartes menos o nada socialistas. La empresa socialista, no importa su tamaño o eficiencia, siempre acabará entregando ahora una porción de socialismo con sus trabajadores y trabajadoras como testigos, a la espera de la llegada definitiva (en el futuro) del socialismo. La venta del bien o servicio orientada a la generación de un excedente que se redistribuye con criterio social, acaba por satisfacer la necesidad que de ese bien o servicio tiene otra instancia cuyos fines únicos y últimos son los de acumulación de ganancia por parte de quien es su propietario. No sería descabellado insinuar, en consecuencia, que debemos transitar hacia una ‘poética’ de la empresa socialista en tiempos de capitalismo (hablando en términos filosóficos).

Ahora bien, quince años parecen pocos para medir la efectividad de un modelo de ‘empresa’ con fines más bien sociales (nos referimos a las nacidas en la Venezuela Bolivariana) si recordamos que la empresa como paradigma euro-occidental asociado a unidad o estructura que propicia la producción con fines de acumular ganancia ya existía con mucha fuerza desde antes del Siglo XVIII y se fortaleció bastante en el XIX para ser concepto hegemónico en el XX. Decimos “empresa” como concepto, como formato, puesto que ya casi en ningún lugar del mundo existen ahora empresas de las que se crearon durante el ‘Siglo de las Luces’, así como las decimonónicas aun en funciones no pasan de ser unas pocas. Así que el capitalismo creó las empresas para durar poco – vistos los hechos – aunque al parecer se espera que las empresas socialistas por el contrario tengan largo aliento, porque se espera también que el socialismo sea definitivo una vez instaurado. O tal vez deban durar lo que dure la transición. De no ser así, no se juzgaría al modelo a la luz de los “fracasos” de ciertos intentos de producir a partir de empresas socialistas, o a partir de las abiertas prácticas capitalistas que en aras de la eficiencia se dan en algunas de ellas. El tema se antoja más de naturaleza social que de naturaleza estrictamente empresarial. Pragmatismo y reforma siempre serán tentaciones.

Llegados a este punto, con no pocas interrogantes como se pudo ver, vamos a afirmar que debe haber un tránsito hacia la sociedad socialista, un período de cambio que permitirá ir olvidando las prácticas mencionadas arriba, o más bien hacerlas innecesarias. Valdría la pena preguntarse si la empresa en sí misma, socialista o no, debe ir languideciendo como práctica. Obviando esto último, se ha mencionado que ese cambio como aspiración tendría lugar desde la base de una esfera subjetiva que estaría: configurada por una dirección colectiva, caracterizada por la presencia del intelectual orgánico gramsciano, dotada de una determinada organización política y más bien protagonizada por un pueblo con una voluntad. La presencia de esta subjetividad requerirá de una objetividad, verificable a partir de ciertas condiciones a partir de las cuales materializar un modelo productivo. Resta saber si la empresa socialista es pertinente en esa asimilación de lo subjetivo con lo objetivo, o bien, si la materialización de las condiciones objetivas se puede dar a partir de la figura de la empresa socialista.

En cualquier caso, entre estas condiciones objetivas, se encuentra la relacionada con el proceso de industrialización. Recordemos que al inicio de estas líneas se dijo que el socialismo implica alta producción. Esa producción necesita de una industria, o mejor dicho un modelo industrial que difiera abiertamente en su configuración del parasitismo que legó el cuartorrepublicanismo petrolero: materias primas y maquinarias importadas, un puñado de apellidos y dependencia total del petro-estado. En palabras de Farías (2014): “La industrialización constituye el corazón de la estrategia económica de la transición al socialismo”. En lo industrial estamos en deuda. Ahora bien, es importante relacionar esa industrialización con el formato de empresa a partir del cual esa industria habría de funcionar, si ha de ser así.

Para hablar por lo tanto del modelo industrial socialista necesario ante la actual circunstancia histórica (escenario de guerra económica utilizado para desestabilizar el proceso revolucionario y conducir a su consecuente aniquilación) es indispensable establecer que hay una relación con el contexto histórico heredado del proceso previo de industrialización que hubo en el país: por un lado, una industria petrolera exclusivamente extranjera (y extranjerizante) y por el otro una industria manufacturera que vive a expensas del sector petrolero. Según Araujo (1968) el sector industrial se caracterizó durante principios y mediados del Siglo XX por “...ser artificial, importador, desligado de todo nexo con los recursos naturales disponibles, verdadera flor de invernadero, propio de una economía rentista”. A finales del siglo pasado esta situación seguía siendo la misma, y los primeros quince años del Siglo XXI no han desmontado especialmente esa característica. Eso nos condiciona.

Dar el salto a un modelo industrial socialista debe tener como objetivos: i) diversificación y modernización productiva; ii) sustitución selectiva de importaciones; iii) reordenamiento territorial del aparato productivo; y iv) diversificación del potencial exportador de la economía, entre otros (Farías, 2014). Es necesario repensar los factores determinantes de la industrialización, entre los que se encuentran, según Contreras y Santeliz (2013): niveles y distribución del ingreso; tamaño del mercado; acceso a los bienes naturales; política de comercio exterior y política industrial. Durante los pasados quince años, es ciertamente poco lo que se ha hecho sustantivamente en ese sentido, por no hablar de resultados. Otros aspectos a considerar expuestos por Farías (2014) son: el patrón tecnológico; la formación de la fuerza productiva; el desarrollo territorial y el tema de la producción agrícola. Vale decir, teniendo en cuenta la historia reciente, que las ya mencionadas categorías asociadas al cambio de un modelo con muchas potenciales ‘viudas’, difícilmente puedan construirse sin un Estado-Nación no sólo poderoso sino ágil. Pudiésemos asociar esos “objetivos” y “factores” de aspecto más bien económico, a valores del nuevo modelo de producción industrial, el socialista.

El denominado socialismo real, y en líneas generales las experiencias históricas de corte socialista ya asociadas con estados, países y gobiernos, siempre se preocuparon en lo práctico por el modelo industrial y la producción. Entre los aspectos más bien rescatables del experimento socialista europeo se puede decir que este legó un cambio sin precedentes, construido en apenas unos veinte años, de una economía cuasi feudal a un territorio altamente industrializado y asociado a la búsqueda de un patrón tecnológico propio acorde con ese modelo industrial.

Tras estas consideraciones iniciales, continuaremos reflexionando más en detalle en próximas entregas sobre el papel de los factores relacionados con la formación de la fuerza productiva y el patrón tecnológico en el nuevo modelo industrial socialista, enfatizando el papel que pasarían a jugar los movimientos sociales (entre ellos el FREBIN) en la dinamización propia de una propuesta de cambio hacia la configuración de estos dos factores específicos.


Referencias:

Araujo. O. (1968). Venezuela Violenta. Fondo Editorial El Perro y la Rana. Venezuela.

Contreras, J. y Santeliz, A. (2013). La necesidad de la industrialización en Venezuela. Colección Economía y Finanzas, Serie Documentos de Trabajo N°145. Banco Central de Venezuela. Venezuela.

Farías, J. (2014). La economía política de la transición al socialismo. Fondo Editorial de la Asamblea Nacional William Lara. Venezuela.

Puntuación actual: 1,5

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